Oriente Tomado

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viernes, 2 de septiembre de 2011

Plaza de las Artes, sentido de la vida.

Plaza de las Artes, sentido de la vida.

Por Adel Hakim

Un ejemplo emblemático.

La toma (también nombrada ocupación cultural  por los estudiantes) del Campus Oriente, Facultad de Artes e Instituto de Estética (teatro, música, artes y estética) de la Universidad Católica, es relevante y emblemática, en más de una forma, del funcionamiento de nuestras sociedades contemporáneas.

Para empezar, digamos que esta ocupación cultural llevó a la administración, al cuerpo académico de profesores y a la totalidad de los funcionarios de la Facultad de Artes, a dialogar con los estudiantes, a posicionarse y a tomar conciencia en profundidad y con agudeza de los problemas relacionados con el sistema educacional actual y, a nivel mas general, con el contexto social y político. Tal como en las manifestaciones nacionales convocadas por la CONFECH, el dialogo siempre ha sido tranquilo, racional, enriquecedor y de excelente nivel, tanto en el plano teórico como de compromiso de las personas. La audacia de los estudiantes, su inteligencia en la manera de abordar las distintas problemáticas tanto académicas como sociales, su conciencia política, su organización de foros y charlas con expositores de varios horizontes, su apertura hacia otras universidades e instituciones, su gestión pacífica, racional y eficiente de la toma fueron particularmente sorprendentes de parte de una generación que se habría podido creer apolítica, desideologizada, alienada a facebook, a los Blockbusters, al celular y a los productos de consumo.

Su comportamiento en esta oportunidad demostró algo completamente distinto.

Más allá de esta consecuencia inmediata y positiva, apareció una importante oposición ideológica que refleja una característica, no solo de la sociedad chilena, sino también generalmente del mundo globalizado en el cual vivimos. Y que indica la manera en la cual el concepto de luchas de clases  en el sentido marxista se encuentra más o menos superado o, más precisamente, reposicionado en un lugar distinto. Esto indica también que hoy en día el debate socio-político no se sitúa más como lo fue antes entre los partidos de derecha y los partidos de izquierda sino entre visiones del mundo que no están incorporadas en partidos políticos. Hasta se podría decir que los partidos políticos, todos con tendencias confusas, tienen una visión del mundo que no se relaciona con la que tiene la mayoría de la población del planeta. Las problemáticas que preocupan los partidos politicos parecen completamente desconectadas de las preocupaciones y de las realidades cotidianas de la gran mayoría de la gente. Por esta razón, se ha perdido la credibilidad hacia la clase política en su conjunto. Porque los campos que se oponen hoy podrían nombrarse, de manera genérica y en un sentido amplio, campo de los tecnócratas  y campo de los artistas.

Lo que se puede constatar en la Universidad Católica, en este contexto nacional de manifestaciones estudiantiles, es que solo la Facultad de Artes ha estado en paro y luego en toma. No fue el caso de ninguna de las otras facultades, sea de ingeniería, de derecho, de economía o de medicina; pese a estas formen también parte de la misma Universidad Católica. Al contrario, resulta que los representantes de esas facultades criticaron con virulencia las acciones de protesta de los estudiantes de la Facultad de Artes. Este hecho es en sí mismo particularmente significativo de los enjuegos políticos tanto en Chile como en la mayoría de los países del mundo.

Eso pone en evidencia que por un lado están los que podríamos nombrar los tecnócratas: ingenieros, abogados, médicos y economistas. Por otro lado, los artistas, filósofos, sociólogos y todos aquellos que tienen una aprensión de la realdad que se releva de las ciencias humanas. Pero también se pueden agregar a este campo los pobres, los excluidos, los delincuentes, los encapuchados; en resumen,  todos los que no se integran a la racionalidad dogmática del campo de los tecnócratas, ya sea por convicción, por ignorancia o incapacidad. Casos particulares pueden existir en los dos campos y divergencias se pueden rescatar ya que los grupos no son mayoritariamente homogéneos. No obstante, esos dos grupos reflejan posturas ideológicas que se pueden encontrar por todas partes en el mundo.

Los Tecnócratas.

Es obvio que no se trata de negar el rol social ni de negar las capacidades y utilidad de los ingenieros, abogados, médicos y todos los expertos en economía. El problema es, sobre todo, que es desde esos oficios que se constituye el campo de los tecnócratas. Y que son precisamente ellos los que dominan hoy clara y ampliamente nuestro planeta. Son ellos los que imponen un sistema, EL Sistema, que pretende ser único e ineludible, objetivo, real, y que se consideró como universalmente vencedor después de la caída del Muro de Berlín en 1989, momento histórico que algunos representantes del mismo sistema calificaron como El fin de la Historia. Autoproclamación y autosatisfacción impuesta con arrogancia y sin posibilidad de contestación. Hasta la gran crisis financiera del 2008 que brutalmente puso fin al  fin de la Historia. Los estados occidentales – aunque el Sistema pretenda ser no-intervencionista  – se precipitaron a socorrer a los bancos y empujaron hasta el abismo los déficit públicos de Estados Unidos y de Europa. Los magnates del neo-liberalismo, de las finanzas y de los bancos centrales de esos mismos países fueron entonces obligados a reconocer que el Sistema no era infalible como habían tratado de hacerlo creer durante dos décadas.

El Sistema entonces, es el sistema neoliberal. Sistema de eficiencia, de dinero, de rendimiento, de éxito a cualquier precio. La única preocupación de los tecnócratas que encabezan los gobiernos y todas las instancias internacionales, es una preocupación económica. Según ellos, y en conformidad con su ideología, uno tiene que ser competitivo, tener éxito, ser un ganador, un winner. Sino uno no es nada. Para ellos el éxito y, de algún modo, la felicidad de la humanidad sólo tienen esta posibilidad para tener sentido. En consecuencia, para ellos la educación tiene que significar rendimiento y ser eficiente de manera inmediata. Y da lo mismo lo que concierne a la salud, las artes, la cultura, la búsqueda. En cuanto a la solidaridad social con los más frágiles, los más pobres, los más desafortunados, se trata solo de una utopía de idealistas que resultaría en una perdida de energía, de dinero y que conduciría al mundo hacia el caos. No obstante son ellos precisamente, esos tecnócratas que hunden actualmente al mundo en el caos, ya sea social, económica o medioambientalmente, a través de su estrategia loca de privatización y de desregulación de los mercados en beneficio del comercio y de nada más que el comercio. A nivel universitario, un curso y una carrera están hechos para ganar dinero, sin importar cual sea el curso y la carrera. Los valores éticos están relegados al último plano, ya que el fin justifica los medios. Y por supuesto, el fin  en cuestión no es otro que el lucro.  Para ellos, a nivel nacional, solo cuentan las cifras: el PIB, la tasa de crecimiento, los movimientos de la bolsa, la reducción de los gastos públicos, la baja de los impuestos para las empresas y para los ingresos. Esta visión de la sociedad, abstracta, global y técnica; niega al ser humano en lo que tenga de sentimientos, pasiones, amor, ternura, sufrimiento, deseos, aspiraciones. Y provoca, por cierto, injusticia y violencia transformando a los individuos, fundidos en masas categoriales, en puros peones en un juego de Monopoly.

Este sistema, este modo de pensamiento, es tan dominante que hasta aquellos que se oponen al Sistema se encuentran obligados a recorrer los mismos criterios, es decir, los criterios cuantitativos y económicos. En el caso de las manifestaciones estudiantiles en Chile, por ejemplo, los principales términos utilizados son cuantitativos : gratuidad de la educación (el dinero), maneras de financiar las medidas reivindicativas (la economía), utilización de datos cuantificables en lo que concierne a las desigualdades sociales (economía), uso de gráficos y estadísticas (matemática), etc. Es decir, se utiliza el mismo lenguaje y los mismos códigos que los tecnócratas. Para los que tratan de oponerse a los gobiernos de tecnócratas (gobiernos de derecha o de izquierda indistintamente), situarse en este terreno es necesario y hasta indispensable. Si no, será la credibilidad misma de la oposición la que esté en juego, frente a una opinión pública que, manipulada por los mass medias, no tiene otras referencias más que las económicas impuestas por los expertos. Sin embargo, situarse en este terreno es también una trampa ya que significa entrar en el juego del Sistema. Por eso un contrapunto es vital, esencial.


Contrapunto

Este contrapunto lo constituyen las artes, la cultura, el pensamiento, la imaginación y todo lo que concierne a la vida intima de los individuos: sus sueños, su sensibilidad, su historia personal, sus aspiraciones de libertad y de desarrollo personal. En fin, todo lo que, bajo la mirada del sistema, parece  inútil y subversivo.

Un artista (quiero decir verdadero artista y no aquellos que sólo trabajan en las industrias culturales) no tiene por principal meta ganar dinero o ser eficiente. El artista va a tratar de expresar con fuerza los sentimientos sin preocupación de lucro. Va a buscar en si mismo lo que hay de esencial, tomando todos los riesgos posibles. Va tratar de abrir puertas hacia la originalidad, sobre visiones particulares que podrían incluso ser molestas y perturbadoras y, a menudo, va a cuestionar las costumbres del consumo, las rutinas y neurosis cotidianas. Si la primera preocupación del artista no es la rentabilidad, él será percibido como inútil  por parte de los tecnócratas. Y su actitud y su espíritu crítico van a desestabilizar las reglas del sistema haciéndolo parecer subversivo. Que las artes, la cultura, la filosofía, la autonomía de pensamiento, el espíritu crítico sean considerados como subversivos por el Sistema, eso es lógico, ya que por su práctica, el Sistema está seriamente cuestionado y por tanto se siente amenazado. Pero, ¿qué pasa con la utilidad y la inutilidad?

Para los tecnócratas, el arte y la cultura son inútiles, salvo si contribuyen al mercado del arte y a las industrias culturales, es decir a actividades lucrativas. Pero el arte y la cultura no son necesariamente rentables económicamente. Incluso al contrario, pueden y tienen derecho a ser deficientes a la economía y constituir gastos para el Estado y a la contribución ciudadana. ¿Por qué?

Porque el arte y la cultura son bienes públicos.

Porque invertir en el arte y la cultura, como invertir en la educación, puede no rendir resultados inmediatos visibles, pero si el contribuir de manera radical y duradera al desarrollo de los individuos y al enriquecimiento de una sociedad.

Consumir Coca-Cola no influencia de manera duradera la vida de un individuo, afuera de la adicción nociva que provoca en él. Al contrario, un encuentro íntimo con Marcel Proust o un descubrimiento inteligente de la obra de Picasso pueden modificar en profundidad la percepción que un individuo tiene del mundo y de su propia vida.

El arte y la cultura, tal como la educación, pueden ser costosos a corto plazo, pero son los que definen la civilización, construyen el porvenir y constituyen, fuera de toda medida, de manera incifrable, la riqueza de una nación. Que es lo que se queda del Antiguo Egipto sino las Pirámides, los templos de Luxor y de Abu-Simbel, los magníficos frescos y las esculturas, los jeroglíficos y la poesía. Es decir, las artes y la cultura de la época faraónica.

Otro ejemplo: Francia. 60 millones de habitantes, 80 millones de turistas cada año. ¿La principal riqueza de Francia? Sus artes y su cultura: la Torre Eiffel, el Louvre, las centenas de teatros y festivales repartidos en todo el territorio, teatros nacionales, municipales, regionales, bibliotecas nacionales, municipales, regionales.
En consecuencia, ¿qué es lo que es inútil? ¿Quién es inútil? ¿Los artistas, creadores, aquellos que con sus obras, su imaginación terminan por pertenecer a los bienes públicos de una nación? ¿O los capitalistas cuya actividad egoísta, y muy a menudo no-productiva (como la especulación financiera, inmobiliaria y bursátil), no tiene otra meta más que enriquecerse a sí mismos a costa de los demás, explotándoles lo más posible y estafando los fundamentos de la sociedad ?

Es necesario decirle a aquellos que consideran al campo de los artistas  como un conjunto de inútiles que redefinan su concepto de utilidad y que cuestionen su propia utilidad social. Pero hay otro punto en el cual la necesidad del campo de los artistas  es vital. Una necesidad política que es indispensable establecer con urgencia en frente de la opinión publica.

El campo de los tecnócratas ignora algo de suma importancia y ante lo que es totalmente indiferente : el sentido de la vida. Al contrario, el sentido de la vida es la preocupación esencial del campo de los artistas. Para el campo de los tecnócratas, el sentido de la vida se limita al hecho de ganar plata no teniendo otra meta además de enriquecerse a sí mismos y de manera individual. El campo de los artistas  se preocupa, por esencia, de transformar en hecho universal las problemáticas individuales y tiene por objetivo compartir esas problemáticas con la colectividad. No lo hace por espíritu de generosidad sino con preocupación de bienestar. Lo hace como acto político. Lo hace porque cree y está convencido de la necesidad de un CONTRATO SOCIAL. Porque cree que sin contrato social viviríamos todos en una jungla, la jungla de la competencia frenética, de la desregulación y del principio de selección natural aplicado a la sociedad humana: los más débiles no tienen lugar en este mundo. El sentido colectivo del campo de los artistas proviene del hecho de que la actividad artística, cultural, filosófica tiene sentido solo si está compartida con el conjunto del cuerpo social. El teatro existe solo si hay espectadores; la pintura y la música existen solo si están compartidos, entendidos y apreciados; la literatura y la filosofía existen solo porque existen editores y lectores. Los espectadores, editores, melómanos, conocedores de pintura, lectores, etc. no son consumidores de productos: ellos forman parte de una comunidad que se enriquece mutuamente. Los productos de consumo llaman a los consumidores a endeudarse con los bancos. El arte y la cultura enriquecen íntimamente a aquellos que los practican, los frecuentan y desarrollan sus capacidades creativas y su comprensión de la vida.

El conflicto entre el campo de los tecnócratas  y el campo de los artistas » es aun más profundo si consideramos la influencia que ejerce uno y otro campo sobre el espíritu. El campo de los tecnócratas  busca someter a los espíritus, a fundir los individuos en categorías identificadas que será cómodo manipular y gestionar. El campo de los tecnócratas  posee armas potentes para realizar este proyecto: los mass medias. Y si los mass medias no son suficientes, recurrirán a la represión policial y al terror militar. El lavado de cerebro es necesario para el campo de los tecnócratas,  sobre todo al interior de los que son supuestamente regímenes democráticos. Porque en el fondo se trata de hacer votar al mayor número de gente en favor de un pequeño grupo que va actuar en contra de los intereses de ese grupo más numeroso. Cuando los pobres y las clases medias votan por los ricos que van a servir los intereses de los ricos, eso significa que esos pobres y esas clases medias están manipuladas. Un gran magnate de la televisión francesa confesó que el objetivo de la televisión no era otro que de crear espacios en el cerebro del espectador para que comprara Coca-Cola ». Siempre haciéndole creer que eso es en pos de su felicidad. Es suficiente mirar una publicidad de Coca-Cola: beban Coca-Cola y vivirán en un mundo perfecto lleno de alegría aunque sean desempleados, vivan en favelas, tengan cáncer o estén en prisión.

¿Qué busca generar, en cuanto a esto, el campo de los artistas? Busca provocar un espíritu crítico, la autonomía de pensamiento. Busca entregar medios de lectura que permitan descifrar los códigos y niveles escondidos en el campo de los tecnócratas. Permite construir armas intelectuales para resistir al lavado de cerebro que buscan imponernos. En último lugar, provoca un impacto económico en la medida que los individuos instruidos, libres de pensamientos y de  creatividad, autónomos en sus sentimientos, sean más capaces de crearse buenas condiciones de vida, de generar su propia actividad y, frecuentemente, incentiven a los demás a actividades también creativas. Y en consecuencia, el campo de los artistas busca enriquecer la sociedad y no ser más víctimas o espectadores de ella.


En este sentido, quisiera recordar la obra de Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, de origien india.


Amartya Sen

Para Amartya Sen, el PIB no es el principal criterio para evaluar la riqueza de un país. Un país puede tener un muy buen promedio de PIB por habitante, pero si la riqueza es mal repartida, este país puede tener muchos pobres, poco ricos que concentran en escasas manos la riqueza nacional. Este país no es entonces un país rico y desarrollado, es un país subdesarrollado teniendo por ejemplo una baja esperanza de vida, analfabetismo, favelas, alta mortalidad infantil, etc.

Amartya Sen cuestiona también la noción de democracia. Él considera, antes que todo, el concepto de capacidad. Por ejemplo, un ciudadano que no tiene educación y la posibilidad de informarse lo suficiente para hacer una buena elección de candidato que va a representar sus intereses, no puede votar de manera racional. También si uno no dispone de la capacidad de trasladarse para aparecer en una oficina de votación, entonces la democracia se encuentra defectuosa.

En fin, Amartya Sen cuestiona la noción de gastos públicos y de lo que representan en términos económicos o en valor real. Los economistas consideran en general los gastos de salud, de educación, de solidaridad social, de cultura, como cargas que pesan sobre la economía nacional y los neoliberales preconizan siempre de reducir esos gastos públicos porque solo razonan en términos económicos y de PIB. Para Amartya Sen la salud pública, la educación, la cultura, la solidaridad social son, al contrario, riquezas nacionales que tienen que ser evaluadas al mismo título que los recursos económicos contabilizados en el PIB. Y de hecho, una nación en la que la mayoría de la población está en buena salud, bien educada e instruida, cultivada, creativa y solidaria; será en más propensa a producir más riquezas y crear más utilidades nacionales.

Manifiesto

Frente al poder del campo de los tecnócratas,  el campo de los artistas tiene una responsabilidad política a la que falla muy a menudo. Y no tiene razón. Porque si la sociedad necesita el rigor y las competencias técnicas y tecnológicas del campo de los tecnócratas, ella necesita también, y de manera vital, la capacidad visionaria y de renovación, de las facultades de invención y de progreso humano del campo de los artistas.

Para asumir esta responsabilidad, el campo de los artistas  tiene que formular, hacia la atención de la opinión publica, y usando todos los recursos mediáticos posibles, en uno o varios manifiestos, la necesidad de situar el arte, la cultura, el pensamiento filosófico al centro de las preocupaciones sociales. Tiene que hacer entender al conjunto de la sociedad que la formación artística y filosófica, que el conocimiento, la práctica y el frecuentar el arte y la filosofía son esenciales para construir todos juntos un porvenir mejor que tendría por fundamento el bienestar y el placer de vivir todos juntos.

Adel Hakim, Director teatral. Agosto 2011.





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-Adel Hakim nace en 1953 en El Cairo, Egipto. En 1972 realiza sus estudios superiores en París, lugar en que reside actualmente y en que realizó sus estudios de filosofía (doctorado en La Sorbonne), economía y matemática.
Participa en el teatro universitario, luego se forma con Ariane Mnouchkine y con John Strasberg del Actor Studio. En 1984 crea su propia compañía y en 1992 es nombrado director del Théâtre des Quartiers d’Ivry, centro dramático nacional, en la región de París.
Enseña el teatro en numerosas instituciones en Francia, en Chile, en México, en Argentina, en Tunicia. Varios de sus espectáculos se dieron en gira en Europa. Actúa para el encuentro de las culturas y de los artistas y para los intercambios internacionales a través del teatro que considera como terreno de búsqueda filosófica y de crítica social y política.
Fuente: http://www.premioaltazor.cl/adel-hakim/

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